Una sonda cada cinco minutos, el histórico de latencia, la alerta antes de que caduque el certificado y una página de estado pública para compartir.
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Una aplicación caída no lanza ninguna excepción: un servidor que dejó de responder no tiene a nadie que informe del error. Y un certificado que caduca un domingo por la mañana deja fuera a todo el mundo a la vez, sin avisar.
Estado por debajo de 400, latencia medida, con las mismas protecciones anti-SSRF que los webhooks: una dirección interna nunca se sondea.
Se entera cuando cae y cuando vuelve. Nunca cada cinco minutos entre medias.
A catorce días y de nuevo a tres, una vez cada uno. Una renovación reinicia el ciclo por sí sola.